Señor, ayúdame cuando me sienta oro y espejo
montaña y virtud.
Recuérdame que soy tierra y ceniza,
que soy fruto de tus manos,
y manos para tus frutos.
Ayúdame a no buscarte en teorías,
a no encontrarte en pensamientos,
a no quererte en promsesas.
Muéstrame pesebre para mis sueños,
cruz para mis quejas,
y humillado para mi orgullo.
Ayúdame a no mirarme sin Ti,
a no entenderme sin Ti,
a no juzgarme sin Ti,
a no premiarme sin Ti,
a no saberme sin Ti,
ayúdame a quererme en Ti.
Que no sea trono para tu reino,
ni portador de tu gloria,
sólo dejame ser esclavo del mundo,
polvo de tu barro
espalda de tu Cruz.